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Thursday, September 22, 2016

Postales de la Tierra Santa


El 19 de Agosto presente en Montevideo, Uruguay mi libro Postales de la Tierra Santa, ganador del llamado a Libro de Autor por Publicaciones CdF 2015.  
Rodeado de muchos amigos y colegas que se acercaron al Centro de Fotografía de Montevideo fue un momento especial. 

Aquí dejo parte de mis palabras durante la presentación: 

Cuando un periodista cubre un conflicto, la historia que importa es la de las partes en cuestión, las victimas, los perpetradores, la destrucción, los cambios políticos, la manipulación, el miedo, los heridos, el uso de poder desmedido, los famosos daños colaterales, la muerte, las violaciones de Derechos Humanos y la crisis en la población civil que todo conflicto genera. Para eso estamos en el terreno, para documentar y no dejar que estos males pasen desapercibidos, para obligarlos a Uds. a mirar de forma directa lo que pasa.  Cuando además pertenecemos a una de las partes del conflicto, como periodistas, tenemos la doble obligación de no olvidar "el dolor de los demás" como lo llamo Susan Sontag
Los que tenemos la posibilidad de ver, oír, oler, sentir, y tocar los sucesos por estar en el terreno, hemos perdido la inocencia, hemos sido testigos directos y nuestros trabajos documentan lo que vimos y vivimos. Nosotros tenemos la tarea de humanizar en un lugar donde buscan deshumanizar.
Nuestra vivencia personal no es la historia.  Las dificultades, los miedos y los peligros son parte de esta profesión, son parte de nuestra experiencia personal. Nosotros no somos la historia.
Pero estar tan cerca del conflicto te cambia. Afecta tu día a día, te deja cicatrices, algunas que se cierran rápidamente y otras que ni el tiempo logra cerrar.  La vida diaria se mezcla todo el tiempo con la realidad, dejando poco espacio entre el trabajo y lo personal. Desde el nivel de visión que tenemos, quienes estamos en el terreno, nos es imposible ser ajeno a lo que ocurre a tu alrededor.
Este libro, es justamente un tipo de diario personal, qe a diferencia del trabajo diario como periodista, se concentra en esas experiencias personales. En este libro cuento las experiencias de la persona detrás de la cámara. Cuenta mi conflicto. La foto que permiten ver momentos del conflicto junto al texto que refleja momentos de mi vida.
No busco ser objetivo y no quiero ser políticamente correcto. Mi anhelo es que la gente vea en mi obra la parte humana del conflicto, su complejidad y también como éste afecta a mi vida y a mi trabajo. Quiero que cuando el lector observe y lea se cuestione, se incomode, se moleste. En un mundo global como el que vivimos, todos podemos hacer algo para cambiar la realidad; la realidad cercana y la lejana. 

Comparto con Uds. parte de la difusión del libro en medios uruguayos. 




Enlaces a entrevistas:










La Diaria


Brecha




EL Observador

Revista Bla

Tuesday, January 6, 2015

El día que nos quemaron la casa



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


La semana pasada jugaba con mi hijo en la relativa tranquilidad de un fin de semana otoñal en Jerusalén, hasta que una placa en la televisión hizo añicos la paz familiar. La noticia: había sido quemada la escuela Mano a Mano, a la que concurre Guil, mi hijo de 12 años, y en la que trabaja mi señora, Sharon. Unos siete u ocho minutos nos separan de la escuela; en segundos estaba en la calle apurando el paso camino al colegio. En casa quedaron Sharon y Guil, en estado de shock.

La mayoría de los miembros de la comunidad sabíamos que esto podía pasar, que era cuestión de tiempo. La ciudad ha cambiado mucho desde el verano pasado. Es más racista e intolerante, y nuevamente es objetivo de la violencia. Las huellas de este clima habían pasado ya por las paredes de nuestra escuela con un mensaje claro. “Muerte a los árabes”, decía una consigna de “moda” en la ciudad.



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


Pintada en la escuela: "No hay convivencia con el cáncer"


Esta nueva violencia, diferente, está caracterizada también por aquellos palestinos que sin ninguna organización política que los envíe, o que los ayude en sus ataques, deciden llevar a cabo operaciones en las que los objetivos son israelíes. El más cruel de los ataques -a la sinagoga de Har Nof, en el que murieron cuatro judíos ortodoxos en medio del rezo matutino- confirmó el nivel de violencia de este conflicto. Y no podemos olvidar el brutal asesinato de Mohamad Abu Khdeir, el joven palestino que fue quemado vivo por extremistas judíos ultranacionalistas, que originó los enfrentamientos, casi diarios, entre jóvenes palestinos y fuerzas de seguridad israelíes.
La respuesta del Estado a esta violencia fueron penas colectivas para la población palestina de la ciudad, mano dura y cero diálogo. No son una buena receta para apagar, o al menos bajar, las llamas de esta nueva fogata en la ciudad. Estas penas colectivas han sido criticadas hasta por los propios integrantes de los aparatos de seguridad, por el malestar general que provocan en la población palestina.

El fuerte olor a quemado inundó los últimos metros hasta la entrada de la escuela; mientras los bomberos luchaban por apagar definitivamente el fuego de una de las aulas, los directores de la escuela y los padres iban de un lado al otro, tratando de entender qué había pasado.



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


Padres preparan carteles para recibir a sus hijos, en hebreo y árabe: "Juntos somos mas fuertes"


Para no dejar lugar a la imaginación, los perpetradores nos dedicaron unas pintadas, algunas conocidas, otras nuevas. El lugar en el que los niños aprenden a leer y escribir sus primeras palabras había sido decorado con mensajes de odio, como “muerte a los árabes”, “no hay coexistencia con el cáncer” o “basta de asimilación”. Los atacantes prendieron el fuego armando una pila de libros y cuadernos en el centro del aula.

Las primeras horas fueron shockeantes. Las caras de quienes estábamos en la escuela lo decían todo. Nos habían quemado la casa, porque para nuestra comunidad este proyecto es mucho más que una simple escuela, es el lugar en el que nos comprometimos y apostamos por una sociedad más justa, donde se eduque en valores de igualdad, de respeto mutuo y de solidaridad.
Judíos y árabes nos negamos a ser enemigos en esta escuela, y nuestros hijos incorporan este mensaje desde que ingresan. Quienes estábamos dentro del edificio no sabíamos qué ocurría afuera, ya que la Policía había bloqueado la entrada. Dos horas después, cuando la Policía permitió la entrada, un río de gente se abrió camino hasta la sala de maestros en la que estábamos reunidos. Había padres, maestros y ex alumnos; todos habían venido a dar una mano. Esa noche decidimos que la escuela abriría sus puertas al día siguiente, como de costumbre. Dejamos el trauma para pasar a la acción. Teníamos que dar apoyo al equipo de la escuela, a los directores y a los maestros, que tendrían que contarles lo ocurrido a nuestros hijos. Tendríamos que atender a la prensa, a los políticos y sus promesas, y a quienes vinieran a identificarse con nosotros.

Ha sido una semana intensa. Muchos padres hemos dividido nuestra vida entre el trabajo y la presencia en la escuela, para ayudar, explicar o simplemente estar presentes. Hemos recibido visitas y los niños de la clase quemada han sido invitados a la residencia del presidente Reuven Riblin, que en más de una ocasión ha manifestado su apoyo a la escuela.

Nuestra escuela es la única de su tipo en la ciudad de Jerusalén: la mitad de los niños son judíos y la mitad árabes, se enseña el árabe y el hebreo como primeras lenguas y se aprenden las dos narrativas históricas. Pero la ONG Mano a Mano dirige y coordina tres escuelas y dos jardines de infantes que parecen haberse convertido en una amenaza para quienes buscan una sociedad monolítica, con ciudadanos de clase superior y minorías de segunda clase. La incitación no llega sólo desde lugares oscuros, viene también de parlamentarios que se expresan en forma radical, fomentando el odio y la violencia.



Cartel en la entrada de la escuela: "Seguimos juntos sin odio y sin miedo"


Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.



En un ambiente de violencia como el que se vive en la ciudad, me atrevo a asegurar que las fuerzas del mal no han hecho su última visita a nuestra escuela.
Estoy convencido de que para solucionar el conflicto se necesitan menos armas, menos policías y más escuelas como Mano a Mano. Sólo la educación conjunta permitirá que las próximas generaciones enfrenten la realidad en una forma diferente y lleguen a una paz justa y verdadera.

Para el viernes 5 convocamos una marcha en apoyo a la escuela, a la que acudieron más de 2.000 personas a darnos el apoyo y el abrazo fraterno que necesitábamos.

Colgada en la entrada de la escuela hay una carta que dice: “Continuamos juntos, sin odio y sin temor”. Así lo haremos. Quien quiso quemar una idea sólo nos fortaleció.



Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.


Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.


"No nos pararan" Mano a Mano.


Publicado en La Diaria, Diciembre 10, 2014.

Nos quemaron la casa