Monday, February 2, 2015

February 2nd.. Yemanja, the goddess of the sea

Every February 2, on the day of Yemanjá, dozens of people gather at the Uruguayan beaches in order to present their offerings in honor of the Queen of the Sea. The offerings are placed in a wooden or foamed plastic boat, and they are varied: among other things, food, drinks, perfumes, images, letters, lit candles, shells.

On the beach, paes and maes dressed in their typical clothing, lead the rite; and while the drums play, the worshipers dance.

All this is carried out in the hope that Yemanjá provide her worshipers with love, health, work, and a prosperous year.


Tuesday, January 20, 2015

Palestinian landscapes.

In a place known by conflict, dispute and occupation, little time is left to focus on the beauty of the land.







 

Friday, January 9, 2015

Los mas vulnerables, los niños refugiados sirios.



Fue un encuentro fugaz. Recién llegados al campo de refugiados sirios Zaatari, en Jordania, hacíamos nuestro primer recorrido. Un policía nos permitió entrar al arenal donde un grupo de niños jugaba ante la atenta mirada de sus cuidadores. La visita de los “forasteros” llamaba la atención a los chicos, que enseguida nos rodearon. Todo era un poco caótico: el desierto, el alambrado, la arena, el calor y las voces gritando “sawarne, sawarne”, una palabra mágica. La he escuchado miles de veces en Gaza y en Cisjordania. Significa “sacame una foto”.

Tenía poco tiempo, pero sus miradas eran intensas y profundas. Contaban supervivencia, miedo y olvido. Sabía que nuestro encuentro era corto, así que decidí pedir a Ahmed, nuestro traductor, que me ayudara a ordenar en fila a quienes querían sawarne.

Rompí con todas mis leyes de cómo tomar retratos. Quería concentrarme en sus miradas y no me importaban el desorden del arenero de fondo, ni el equilibrio necesario en un retrato ni la composición. El policía que nos guiaba en el campo nos apuraba. El secreto de cada uno de ellos estaba allí presente, en cada mirada, la mirada de los más vulnerables en toda guerra.

El campo de Zaatari está en el noreste de Jordania, a 17 kilómetros de la frontera con Siria. Desde que se estableció, en julio de 2012, se ha convertido en una ciudad más: cuenta con tres hospitales, cinco clínicas y seis escuelas que funcionan en doble horario. La interminable y cruda guerra civil en Siria ha dejado ya tres millones de desplazados; 100.000 de ellos están en Zaatari y 55% de estos refugiados son menores de 18 años.

Según Unicef, la mayoría de los niños sirios están en “situación de supervivencia”, expuestos a las vivencias más terribles, se olvidan de las reacciones sociales y emociones “normales”. Los últimos tres años dejaron a muchos de ellos con profundas cicatrices emocionales y trastornos del desarrollo.

La confederación internacional de ONG Oxfam advirtió en su más reciente informe que la respuesta internacional a la crisis en Siria está fallando estrepitosamente: la ayuda humanitaria es insuficiente y el realojamiento de la población refugiada, exiguo; a su vez, las transferencias de armas continúan. En el informe Andy Baker —responsable de la respuesta de Oxfam a la crisis en Siria— señala: “El enfoque contraproducente de la comunidad internacional hacia el conflicto es un total fracaso para las millones de personas que han huido de las torturas, las masacres y las bombas de barril, así como para quienes aguardan un futuro incierto en Siria. La comunidad internacional los ha abandonado y ahora viven en condiciones desesperadas, luchando cada día por sobrevivir”.











Publicado en revista Lento, Diciembre 2014.

Tuesday, January 6, 2015

El día que nos quemaron la casa



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


La semana pasada jugaba con mi hijo en la relativa tranquilidad de un fin de semana otoñal en Jerusalén, hasta que una placa en la televisión hizo añicos la paz familiar. La noticia: había sido quemada la escuela Mano a Mano, a la que concurre Guil, mi hijo de 12 años, y en la que trabaja mi señora, Sharon. Unos siete u ocho minutos nos separan de la escuela; en segundos estaba en la calle apurando el paso camino al colegio. En casa quedaron Sharon y Guil, en estado de shock.

La mayoría de los miembros de la comunidad sabíamos que esto podía pasar, que era cuestión de tiempo. La ciudad ha cambiado mucho desde el verano pasado. Es más racista e intolerante, y nuevamente es objetivo de la violencia. Las huellas de este clima habían pasado ya por las paredes de nuestra escuela con un mensaje claro. “Muerte a los árabes”, decía una consigna de “moda” en la ciudad.



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


Pintada en la escuela: "No hay convivencia con el cáncer"


Esta nueva violencia, diferente, está caracterizada también por aquellos palestinos que sin ninguna organización política que los envíe, o que los ayude en sus ataques, deciden llevar a cabo operaciones en las que los objetivos son israelíes. El más cruel de los ataques -a la sinagoga de Har Nof, en el que murieron cuatro judíos ortodoxos en medio del rezo matutino- confirmó el nivel de violencia de este conflicto. Y no podemos olvidar el brutal asesinato de Mohamad Abu Khdeir, el joven palestino que fue quemado vivo por extremistas judíos ultranacionalistas, que originó los enfrentamientos, casi diarios, entre jóvenes palestinos y fuerzas de seguridad israelíes.
La respuesta del Estado a esta violencia fueron penas colectivas para la población palestina de la ciudad, mano dura y cero diálogo. No son una buena receta para apagar, o al menos bajar, las llamas de esta nueva fogata en la ciudad. Estas penas colectivas han sido criticadas hasta por los propios integrantes de los aparatos de seguridad, por el malestar general que provocan en la población palestina.

El fuerte olor a quemado inundó los últimos metros hasta la entrada de la escuela; mientras los bomberos luchaban por apagar definitivamente el fuego de una de las aulas, los directores de la escuela y los padres iban de un lado al otro, tratando de entender qué había pasado.



La clase de 1ero. B en la escuela Mano a Mano.


Padres preparan carteles para recibir a sus hijos, en hebreo y árabe: "Juntos somos mas fuertes"


Para no dejar lugar a la imaginación, los perpetradores nos dedicaron unas pintadas, algunas conocidas, otras nuevas. El lugar en el que los niños aprenden a leer y escribir sus primeras palabras había sido decorado con mensajes de odio, como “muerte a los árabes”, “no hay coexistencia con el cáncer” o “basta de asimilación”. Los atacantes prendieron el fuego armando una pila de libros y cuadernos en el centro del aula.

Las primeras horas fueron shockeantes. Las caras de quienes estábamos en la escuela lo decían todo. Nos habían quemado la casa, porque para nuestra comunidad este proyecto es mucho más que una simple escuela, es el lugar en el que nos comprometimos y apostamos por una sociedad más justa, donde se eduque en valores de igualdad, de respeto mutuo y de solidaridad.
Judíos y árabes nos negamos a ser enemigos en esta escuela, y nuestros hijos incorporan este mensaje desde que ingresan. Quienes estábamos dentro del edificio no sabíamos qué ocurría afuera, ya que la Policía había bloqueado la entrada. Dos horas después, cuando la Policía permitió la entrada, un río de gente se abrió camino hasta la sala de maestros en la que estábamos reunidos. Había padres, maestros y ex alumnos; todos habían venido a dar una mano. Esa noche decidimos que la escuela abriría sus puertas al día siguiente, como de costumbre. Dejamos el trauma para pasar a la acción. Teníamos que dar apoyo al equipo de la escuela, a los directores y a los maestros, que tendrían que contarles lo ocurrido a nuestros hijos. Tendríamos que atender a la prensa, a los políticos y sus promesas, y a quienes vinieran a identificarse con nosotros.

Ha sido una semana intensa. Muchos padres hemos dividido nuestra vida entre el trabajo y la presencia en la escuela, para ayudar, explicar o simplemente estar presentes. Hemos recibido visitas y los niños de la clase quemada han sido invitados a la residencia del presidente Reuven Riblin, que en más de una ocasión ha manifestado su apoyo a la escuela.

Nuestra escuela es la única de su tipo en la ciudad de Jerusalén: la mitad de los niños son judíos y la mitad árabes, se enseña el árabe y el hebreo como primeras lenguas y se aprenden las dos narrativas históricas. Pero la ONG Mano a Mano dirige y coordina tres escuelas y dos jardines de infantes que parecen haberse convertido en una amenaza para quienes buscan una sociedad monolítica, con ciudadanos de clase superior y minorías de segunda clase. La incitación no llega sólo desde lugares oscuros, viene también de parlamentarios que se expresan en forma radical, fomentando el odio y la violencia.



Cartel en la entrada de la escuela: "Seguimos juntos sin odio y sin miedo"


Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.



En un ambiente de violencia como el que se vive en la ciudad, me atrevo a asegurar que las fuerzas del mal no han hecho su última visita a nuestra escuela.
Estoy convencido de que para solucionar el conflicto se necesitan menos armas, menos policías y más escuelas como Mano a Mano. Sólo la educación conjunta permitirá que las próximas generaciones enfrenten la realidad en una forma diferente y lleguen a una paz justa y verdadera.

Para el viernes 5 convocamos una marcha en apoyo a la escuela, a la que acudieron más de 2.000 personas a darnos el apoyo y el abrazo fraterno que necesitábamos.

Colgada en la entrada de la escuela hay una carta que dice: “Continuamos juntos, sin odio y sin temor”. Así lo haremos. Quien quiso quemar una idea sólo nos fortaleció.



Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.


Marcha en apoyo a la escuela después del ataque, 2000 personas nos acompañaron.


"No nos pararan" Mano a Mano.


Publicado en La Diaria, Diciembre 10, 2014.

Nos quemaron la casa